Gaza, Israel, Irán y el derecho de autodefensa

20/Ago/2014

www.jmaznar.es, José María Aznar

Gaza, Israel, Irán y el derecho de autodefensa

La primera obligación de
cualquier Gobierno es garantizar la seguridad de sus ciudadanos.
Desgraciadamente, eso es algo que los líderes políticos israelíes -de
izquierdas, centro o de derechas- han tenido que aprender muy rápido desde el
nacimiento del Estado de Israel hasta nuestros días.

Desde mis tiempos al
frente de Gobierno de España tengo muy claro que no existe decisión más difícil
y dolorosa que enviar a los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas a zonas de
peligro. Ahora que se ha iniciado en Gaza una ofensiva terrestre limitada, que
persigue la destrucción de los numerosos túneles que los terroristas de Hamás
han construido para acceder a territorio israelí y cometer atentados, es
importante recordar hasta qué punto Israel ha venido actuando con moderación.
Desafortunadamente, toda guerra acarrea destrucción y muerte, y además, se
cometen errores, a pesar de que ningún Ejército toma tantas precauciones para
evitar bajas innecesarias como las Fuerzas de Defensa de Israel.

Es moralmente obligado
recordar que Israel no ataca a civiles inocentes, sino a combatientes vestidos
de paisano, a diferencia de Hamás, que dispara indiscriminadamente contra
centros urbanos

Por ejemplo, si el Reino
Unido estuviese recibiendo el impacto en su territorio de un número
proporcionalmente similar de misiles lanzados por Hamás, más de 40 millones de
ciudadanos británicos estarían expuestos a ellos, como lo está el 80 por ciento
de la población israelí.

Algunos creen que el
lanzamiento indiscriminado de cohetes desde Gaza por los terroristas de Hamás
responde al brutal e infame asesinato del adolescente palestino Mohamed Abu
Khdeir. Sin embargo, lo cierto es que el disparo de cohetes por Hamás comenzó
bastante antes, coincidiendo con el inicio de la búsqueda a cargo de las
fuerzas de seguridad de Israel de los tres adolescentes israelíes, Eyal
Yifrach, Naftali Fraenkel y Gilad Shaer, secuestrados y asesinados por
militantes de Hamás cerca de Hebrón. El lanzamiento de cohetes desde Gaza
comenzó el 15 de junio, mientras que los restos del pobre Mohamed fueron
encontrados el 2 de julio.

Hamás nunca ha necesitado
excusa alguna para atacar a Israel. Lo lleva en los genes y lo proclamó en su
carta fundacional.

De hecho, desde 2007,
cuando Hamás se hizo violentamente con el poder en Gaza, Israel se ha visto
obligado a responder a los ataques de Hamás en tres ocasiones: a finales de
2008, cuando Ehud Olmert autorizó la Operación Plomo Fundido; en noviembre de
2012, con la operación aérea Pilar Defensivo; y ahora, con la Operación Margen
Protector ordenada por el primer ministro Benjamín Netanyahu.

Se pide a Jerusalén que
muestre autocontrol y moderación, pero no me consta que exista ninguna otra
nación obligada a hacer frente una amenaza terrestre de índole terrorista, que
condiciona el día a día del país, y que simplemente opte por hacer caso omiso
de los cohetes que surcan sus cielos: más de siete mil lanzados en los últimos
años, y uno cada minuto y medio durante la noche del martes 7 de julio.

En realidad, los
problemas de Israel residen mayoritariamente en la comunidad internacional.
Como mínimo, los líderes de Hamás saben por experiencia propia que Israel lucha
con una mano atada a su espalda: no puede responder con la contundencia debida
porque sería acusado de actuar “desproporcionadamente”; no puede infligir ni
mucho daño ni muchas bajas porque sería acusado de crímenes contra la
humanidad; no puede dedicar mucho tiempo a preparar su respuesta militar porque
nadie quiere ver lo horrible que resultan todas las guerras. Desgraciadamente,
como afirmó el general Sherman, que de guerra algo sabía, “la guerra es el
infierno” para todos. No podemos hacer otra cosa que lamentar el sufrimiento de
los inocentes.

Ahora mismo, la
frecuencia en el lanzamiento de cohetes contra Israel parece responder a una
estrategia deliberada de Hamás para prolongar el conflicto. Estos líderes
terroristas son conscientes de que a mayor número de imágenes de palestinos
muertos que reciban los medios de comunicación, sean reales o no, procedan o no
de Gaza, mayor será la presión que ejercerá sobre Israel la opinión pública y
muchos líderes occidentales para conseguir un alto el fuego. Es por eso que los
dirigentes de Hamás no tienen inconveniente en utilizar a civiles como escudos
humanos, ya que su máquina de propaganda se alimenta a base de sufrimiento y de
sangre.

Permitir a Hamás servirse
de este juego una vez más sería un error. Si no se trata de mera retórica y de
verdad creemos que Israel tiene todo el derecho del mundo a defenderse,
entonces dejemos esta vez a los políticos en Jerusalén hacer lo que tienen que
hacer. Es más, aprendamos todos de Hamás y de sus tretas. Resulta evidente que
Israel es muy superior militarmente hablando, sin embargo, su capacidad de
disuasión es limitada. Como he subrayado en otras ocasiones, Israel ha tenido
que luchar con Hamás cada dos años en los últimos tiempos.

Y ello porque Hamás está
convencido de que posee un arma infalible: el doble rasero que se aplica a
Israel.

Me temo que algo
peligroso está influyendo en Gaza. El plazo fijado para alcanzar un nuevo
acuerdo en torno al programa nuclear de Irán previsto para el 20 de julio ha
sido aplazado cuatro meses, ya que las partes han acordado una prórroga para
continuar con las negociaciones. En cualquier caso, una cosa está clara: ¡la
exigencia a Irán de que cumpla con lo demandado por la ONU en sus diferentes
resoluciones, esto es, la interrupción completa del enriquecimiento de uranio,
ya se ha abandonado! ¡Vaya sorpresa! Lo que se discute ahora mismo es
básicamente cuántas centrifugadoras el régimen de los ayatolás puede conservar.
La Administración estadounidense se conforma con impedir que Irán adquiera el
arma nuclear, mientras que Israel se niega a permitir que Irán se dote siquiera
de la capacidad para construirla. Se trata de dos cosas muy distintas.

Si Hamás piensa que puede
salir victorioso de este pulso planteado a Israel a pesar del más que
previsible quebranto militar, pues las acciones de la organización islamista no
se ajustan al concepto tradicional de disuasión, no es descabellado sostener
que Irán llegará a una concusión semejante y actuará en consecuencia. Y si no
hay disuasión eficaz frente a un enemigo convencional, mucho menos frente a un
adversario dotado de capacidades nucleares.

Mientras más aislado
internacionalmente vea Irán a Israel, más audaces serán las acciones de
Teherán.

Por ello, para fortalecer
la capacidad de disuasión de Israel y, por extensión, nuestra propia seguridad,
debemos apoyar a Jerusalén en su lucha contra los terroristas que gobiernan
Gaza. Solamente Israel puede proyectar la disuasión que se necesita para
frustrar las ambiciones nucleares de Irán. Un Israel criticado, castigado y
aislado porque actúa en defensa propia es el mejor incentivo para que sus
enemigos, que son los enemigos de todos nosotros, se sientan más fuertes e
inflamen sus sueños. Eso es algo que no podemos permitirnos.